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viernes, 14 de marzo de 2014

RUTA DEL MES

RUTA DEL MES: DEL CAMINO A LOS YUNGAS A LIMA, ÚLTIMA EXPERIENCIA DE LA AVENTURERA ALICIA SORNOSA
RUTA DEL MES: DEL CAMINO A LOS YUNGAS A LIMA, ÚLTIMA EXPERIENCIA DE LA AVENTURERA ALICIA SORNOSALa aventurera madrileña Alicia Sornosa no para de afrontar nuevos retos, si bien alguno se le había quedado pendiente debido a las malas condiciones climatológicas, por lo que en cuanto hubo un momento y las circunstancias lo permitieron Alicia término su transitar por la conocida por la carrera de la muerte”. 

En la primera ocasión la nieve no permitió el paso, y aunque lo hubiese conseguido no estaba garantizado el retorno, por lo que hubo que esperar una nueva oportunidad en la que “lloviera o nevara, había que pasar”. 

En el relato que Alicia Sornosa realiza de su aventura explica que “el puerto de La Paz es precioso, y el alto tiene una gran cruz en...
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... la que las gentes hacen sus ofrendas a la Pachamama (la Madre Tierra) y la verdad que te sientes tan pequeño en la inmensidad de esa montaña entre las paredes de piedra, con la nieve recién posada a modo de alfombra inmaculada”. 

Desde ese punto se arranca cuesta abajo adelantando autobuses y camiones por una carretera espectacular en la que una fina lluvia y después tormenta acompañó a la aventurera que, curva tras curva, descendió dejando ver un enorme valle entre colinas. 

“Unos metros más abajo se intuía un río, el que lleva todo el agua que hace que todo sea tan verde, pero la niebla subió (o nosotros bajamos lo suficiente) encontrándonos con el primer obstáculo del camino”, explica Sornosa. 

“La carretera, tapada por un montón de tierra de un desprendimiento, mezclado con el agua de un arrollo vertical, produciendo un barro resbaladizo y nada recomendable, y menos con los gigantes camiones que vienen de frente, las furgonetas de pasajeros a modo de microbuses cruzándose por detrás, delante y los lados, sin avisar y más y más agua corriendo por todas partes, por las huellas del camión que acababa de pasar o por las huellas imborrables de todos los vehículos que llenaban circulando por ahí desde el amanecer”. 

“De nuevo sobre el asfalto, que a tramos se convierte en un incómodo adoquinado de piedras extraídas de una pared no muy lejana y que pretenden ser adoquines de extrañas y caprichosas formas, aunque no lo consiguen, poco a poco y de nuevo cuesta arriba llegamos el cartel de “Corico”, continúa la aventurera. 

“A la derecha una increíble ciudad suspendida en lo alto de la montaña. Preciosa, multicolor y con pinta de alegre para completar un descenso que nos lleva desde los 4.680 metros de altitud a menos de 1.000 metros”. 

Desde Coroico hay unos 80 kilómetros hasta el puerto de la Paz y luego es cuesta abajo, pero la gasolina se hace imprescindible y la estación de servicio de la zona no recibe el líquido elemento hasta dentro de unos días por lo que Alicia Sornosa acaba comprando unos bidones a los taxistas, que los venden “más caros que el oro” en palabras de Alicia. 

“Llenamos las motos y llega el momento de recorrer una de las carreteras míticas del continente suramericano”, comenta Alicia Sornosa al inicio de su relato, en el que explica: 

“La carretera la comienzo empapada. Y lo peor no ha sido caer en un vadeo (profundo pero estrecho), no ha sido ver un cartel de “prohibido lavar vehículos” al lado de un camión que lo estaba enjabonando. No ha sido morirme de vergüenza ante la cámara, viendo como mis maletas, sumergidas en el río, se hundían más y más…ha sido notar ese agua helada en mis dos botas en una zona en la que la máxima temperatura es de tres grados. 

Repuesta del percance durante el cual me recomiendan que siempre lleve ropa de repuesto, comienzo a disfrutar de esa sinuosa y estrecha pista de tierra y piedras con cataratas que te caen encima llamada Camino a los Yungas y reconocida mundialmente como Carretera de la Muerte. 

El camino es espectacular, pero no da tanto miedo como promete su nombre. Primero por los relucientes quita miedos de acero que hay en cada curva y después por la niebla que vuelve a ser compañera y que no nos permite sentir el vértigo de los imponentes barrancos ya que no los vemos. Bueno, un poco de miedo si he pasado al atravesar alguna catarata y por no mojarme mucho arrimar demasiado la rueda a borde de la carretera, a unos centímetros de caer al vacío por no mojarme más de lo que estoy. Sin niebla, el barranco da pánico. Cuando llegamos a la carretera de asfalto nos despedimos de los Yungas y volvemos a La Paz para continuar viaje de una manera mágica: La Isla del Sol en el lago más alto del mundo: el Titicaca.

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